Pasó la vieja

Por muy vieja que sea no se demora tanto en pasar. Adelanta el paso casi a la par con los segundos que me demoro en cruzar una mirada contigo. Sonríes, sonrío.

¿La verdad? Nunca he sabido cuanto tiempo es lo prudente para quitar mi mirada. A veces es mucho, otras, poco. No obstante una cosa es certera: sonreír al final.

Pero ella —la vieja— camina más rápido, al final siempre pasa. Y no le hablo, no le digo. Ella siempre pasa.